Opinión

Límites y valores centrales

COMPORTAMIENTOS

| Eduardo Gómez Gómez |

Cuando una persona repite un comportamiento dado con cierta regularidad, puede asociarse que mantendrá ese comportamiento, o uno parecido. A la regularidad con la que se repite un mismo comportamiento en un periodo dado se le conoce como frecuencia. Cada comportamiento puede por tanto tener un registro, y cuando éste existe de manera regular, puede procesarse de manera estadística, y servir de base para comprender el proceso que se desenvuelve, su dinámica, sus tendencias y también para planear y transformarlo.

De esta forma, una persona que va a trabajar de lunes a viernes mantendrá un comportamiento de asistencia a trabajar, el registro de ese comportamiento es de por sí ocupado por su organización para determinar aspectos relativos a pago de nómina, indicadores de producción, indicadores de rendimiento, etcétera. A su vez, en cada uno de estos comportamientos de manera individual es posible también identificar dinámicas específicas.

Por ejemplo, consideremos que esa persona tiene un horario de ingreso al trabajo: las 9:00 horas. Al respecto, es posible llevar el registro de su hora de ingreso diaria. De esta forma, en una semana dada puede reportar las siguientes horas de ingreso: lunes, 9:01; martes, 8:58; miércoles, 9:00; jueves, 9:06; y viernes, 9:01. En general, podrás notar que, al momento de registrar no sólo este dato, sino la gran mayoría de los datos que registres, obtendrás valores variables, aunque estén oscilando en un valor que es de alguna forma intermedio y que funge de parámetro “central”, el cual es deseable que se corresponda con el parámetro objetivo del indicador o con la meta establecida para ese indicador.

En este caso, el parámetro objetivo o meta es las 9:00 horas, y los registros obtenidos son: 9:01, 8:58, 9:00, 9:06 y 9:01.

Si ampliáramos el levantamiento de datos de este indicador de 1 semana (como anotamos antes) a 15 semanas entonces tendríamos 75 valores de ese dato, y entonces podríamos identificar cuántas veces en esos 75 días la persona se presentó a las 8:54, cuántas veces a las 8:55, cuántas veces a las 8:56, cuántas veces a las 8:57, cuántas veces a las 8:58, cuántas veces a las 8:59, cuántas veces a las 9:00, cuántas veces a las 9:01, cuántas veces a las 9:02, cuántas veces a las 9:03, cuántas veces a las 9:04, cuántas veces a las 9:05, y cuántas veces a las 9:06. El número de veces que la persona registró su ingreso a trabajar en cada uno de esos valores sería la frecuencia con la que la persona ingresó en ese horario. En este caso, sólo estamos considerando 6 minutos antes de la hora meta (las 9:00 horas) y 6 minutos después, pero sólo se presentan aquí esos datos a modo de ejemplo. Bien es cierto que puede haber ocasiones en que la persona llegue mucho antes y ocasiones en las que llegue después.

Lo mismo puede suceder con cualquier otro indicador o variable que se pretenda registrar. Es muy improbable que una variable dé en cada registro un mismo y único valor de manera permanente, cual si fuera una constante, cuando se están evaluando procesos.

Por tanto, dentro de este ámbito, para manejar, operar o gestionar procesos, es muy probable que se consideré como esencial establecer cuál es valor que puede considerarse o que es el medio, mediante un promedio o mediante una medida estadística llamada mediana. Este valor no siempre se corresponde con el parámetro objetivo o que se había establecido como meta originalmente, y pese a ello permite manejar o gestionar el proceso y ajustarlo.

Y alrededor de ese parámetro “central” o medio encontraremos incidencias o registros que están por arriba o por abajo del valor “central” o medio que comentamos. Por tanto, hay un valor o límite superior, un valor central o medio y un valor o límite inferior cuando estamos registrando un comportamiento específico, formando un rango dentro del cual es muy probable que se encuentre la siguiente incidencia o registro del comportamiento evaluado. Cuando el valor siguiente cae dentro de este rango, tiende a considerarse como en control o como “normal”, y entre mayor sea la proporción de incidencias que caen dentro de este rango, más estable se considerará el comportamiento en valoración. Con base en los comportamientos individuales es que se hacen estimaciones y proyecciones, las cuales tienden a ser correctas cuanto mayor sea la proporción de incidencias dentro del rango, y la proyección será menos confiables cuando haya una proporción importante fuera del rango.

Por ello, cuando hay demasiados comportamientos que se salen del rango de control, es común observar esfuerzos por regular y ajustar los comportamientos hacia los valores del rango esperado, pues el proceso se ha salido de control, es decir, del nivel o rango previsto y esperado al momento de su planeación, ¿te hace sentido?

Ahora bien, ¿qué tanto conoces los comportamientos de los procesos o de indicadores específicos que te interesa gestionar? Bien, iniciar por reconocer los valores centrales y el rango sobre el cual correspondería que oscilarán sus incidencias te permitirá actuar sobre esos comportamientos, ¿qué te parece?

eg1977@gmail.com

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Eduardo Gómez
22 julio, 2019

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