Opinión

Gafas de colores

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| Leticia Camacho Téllez |

En una ocasión, como parte de unos trabajos en consultoría, se proyectó una imagen para los participantes. Se pidió que hicieran una lista de los elementos que veían. El segundo paso fue que compartieran con los demás lo que habían visto. Fue toda una experiencia escuchar lo que habían escrito, el nombre que le daban a lo que veían y hasta lo que habían omitido.

El ejemplo de la fotografía, de algo estático, es algo que nos permite poner sobre la mesa que sobre algo muy en particular las personas sacan conclusiones desde su observador, desde lo que son. Algunas hicieron afirmaciones, los más emitimos juicios. Está sucio, está chico, está bonito, no es funcional, son sólo algunas joyas, de mis preferidas.

“No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos” es una frase que cuando la escuché me hizo estremecer. Puede resultar dura y fuerte, a veces está uno preparado para entenderla, es el momento. Otras veces no nos hace sentido.

La frase me pone en el centro de mi vida. Me deja mal parada, porque me hace a mí responsable de lo que me pasa, y pues no. Ni modo que yo quisiera que me pasaran las cosas que me pasan y que no me gustan.

De todo esto no hay que perder de vista que formamos parte de una familia, de un trabajo, de una clase social y, más en general, de una sociedad. Es parte del contexto. Además, percibimos la realidad de acuerdo con nuestros sistemas de percepciones, sensaciones, la experiencia y la historia familiar y social.

Somos seres sociales y, como tales, tenemos, en sentido figurado, unas gafas de determinado color. Miramos el mundo a través de ciertos filtros.

Vamos a un lugar diferente y filtramos lo que vemos a partir de lo que somos. Como cuando llegaron los españoles, para ellos éramos unos bárbaros que andábamos desnudos, porque ellos tenían cierta vestimenta. Cualquier forma de vestimenta diferente o la carencia de ella era algo que iba contra sus costumbres, religión y demás.

Al ir a un país diferente al nuestro, o a otro estado, lo evaluamos a partir de nosotros. Podemos decir que son personas trabajadoras, o que son educados, que no les interesa la propiedad, que visten raro, que visten muy tapados, o sus contrapartes. Todo el tiempo estamos emitiendo juicios a partir de nosotros mismos.

Las aberraciones llegan a grotescas y tramposas, por decirlo de forma educada. Por ejemplo cuando se interpreta a la historia desde el presente y desde nosotros mismos, se dicen cosas como que eran unos atrasados, caníbales o demás joyas tramposas.

Para entender la historia de determinado lugar hay que hacerlo desde su contexto histórico, donde el lenguaje tiene un papel de primer orden, porque un idioma no sólo es la forma en que ciertas palabras se dicen en otro idioma, representa toda una cosmovisión diferente. No es el mismo significado de la palabra Trabajo en español que en náhuatl, por ejemplo.

Con la argumentación anterior busco poner de manifiesto que miramos a través de determinadas gafas. Podemos ver la vida azul, rosa, verde, oscura o más oscura. La cuestión no es traer las gafas de determinado color, porque es lo que somos, el problema es cuando pretendemos pasar lo que vemos por la realidad de todos los demás.

Si tan sólo se tuviera claridad en que vemos e interpretamos según lo que somos, estaríamos del otro lado del río. Porque entonces habría claridad, es mi posición y sabríamos que existen otras posibilidades. Una parte del coaching trata de eso, quizá de las cosas más importantes. Es generar un nuevo observador, plantearse ¿cuál es el objetivo? Es expandir la visión y saber que existen diferentes posibilidades.

21 agosto, 2019

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Leticia Camacho Téllez


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