Tinta Nueva

Ciudad moderna: bendición o castigo (I)

DE CALME A ALTÉPETL

| Jesús Tamayo |

La comprensión de las ciudades y de las metrópolis exige un conocimiento de su historia, desarrollo y evolución. Presentamos una serie donde se revisan algunos procesos que son claves. Los ámbitos van más allá del territorio y la población, como tal hay que comprenderla. Es la propuesta.

La cuestión urbana: 1976

En 1976 la preocupación internacional por el estado de las ciudades o mejor dicho de las metrópolis del globo se materializó en una reunión de la ONU en Vancouver, Canadá. Se creo el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, mejor conocido como Hábitat[1]. Desde entonces se ha venido revisando de forma periódica el estado de los asentamientos del globo terráqueo. No sorprende que uno de sus primeros temas de atención haya sido la pobreza en las ciudades, la pobreza urbana.

El retraso internacional

De hecho, la comunidad internacional quizá tardó demasiado en voltear a ver la situación de los asentamientos humanos en el globo. El explosivo crecimiento de éstos debió de haber sido atendido al menos cien años antes.

La historia del asunto:

Resultado del conjunto de avances técnico-científicos que conocemos como Revolución Industrial que habría arrancado en las últimas décadas del siglo XVIII, (en 1764, Hargreaves construye la “Jenny”, máquina de hilar; en 1765 Watt inventa el motor a vapor y con ello la energía mecánica se independizó de la operación manual; en 1768, Arkwright construye el bastidor hidráulico (water frame).

Los avances modificaron drásticamente la vida de las viejas ciudades medievales, originalmente orientadas a la agricultura y que al paso de los siglos se habrían reorientado hacia el comercio. De hecho, el mercantilismo[2] ya había hecho su aparición en todas las ciudades europeas y había hecho declinar el poder feudal[3], y las viviendas de los pobres estaban cada vez más hacinadas e insalubres, en medio este proceso surgió la revolución industrial que agravó la vida en las ciudades. El cambio que ello provocó se vivió Intensamente el siglo XIX.

Multiplicación de las ciudades millonarias

Muchas viejas y numerosas ciudades europeas, orientadas principalmente al comercio en el apogeo del mercantilismo, se industrializaron, es decir, se llenaron de establecimientos manufactureros y por ende de población trabajadora que buscó asentarse alrededor de los centros de trabajo. Muchas viejas ciudades medievales, ahora centros manufactureros, crecieron desmesuradamente a tal punto que muchas de ellas se transformaron en metrópolis, es decir, en ciudades millonarias en habitantes.

Londres

Como sabemos, la primera ciudad europea que alcanzo el millón de habitantes fue la vieja Londres a principios del siglo XIX, en 1810. No tardaron en seguir su camino numerosas ciudades europeas[4]; fue el caso de Birmingham, Manchester Liverpool y Sheffield en el Reno Unido; de las ciudades de Fráncfort, Hamburgo, Stuttgart y las de la cuenca carbonífera del Ruhr como Dortmund, Dusseldorf y Essen, todas en Alemania; de Lyon y Marsella en Francia; de Barcelona en España; de San Petersburgo y Kiev en Rusia; de Milán en Italia y de Roterdam y Ámsterdam en los Países Bajos; de modo que al final de ese siglo las ciudades millonarias, metrópolis, ya se contaban por cientos en el globo.

Invenciones

La nueva era abrió las puertas a la invención, el transporte, principalmente de mercancías y materias primas, se revolucionó: las mercaderías se remolcaban en barcas por los ríos y en 1809 Fulton concluyo el Clermont, su primer vapor; en 1819 apareció en Paris el primer transporte tirado por caballos; en Norteamérica, en 1829 se construyó el primer ferrocarril.

Las comunicaciones también se revolucionaron, en 1850 se enviaron los primeros mensajes telegráficos y en 1876, A. Graham Bell hizo la primera llamada telefónica. Las nuevas invenciones también llegaron a las ciudades. El alumbrado artificial a gas se introdujo en Londres en 1812. En 1775 A. Cummings había patentado el sanitario al que J. Bramah añadió el sistema de sifón que hoy seguimos utilizando. Los servicios sanitarios urbanos también mejoraron respecto de la época anterior, aunque el drenaje natural de las ciudades se vio reducido con el aumento de las superficies edificadas y urbanizadas. Economía, política, territorios y población configuran las ciudades y metrópolis. Las hacen parte de algo más grande y a la vez singulares. Guardan similitudes con unas y se distancian más de otras. Es su desarrollo particular la riqueza de ellas.


[1]El 1 de enero de 1975 la Asamblea General de la ONU estableció la Fundación de las Naciones Unidas para el Hábitat y los Asentamientos Humanos (FNUHAH), el primer órgano oficial de la ONU dedicado a la urbanización. (Entonces, bajo la responsabilidad del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente PNUMA).

La primera conferencia internacional de la ONU en la que se reconoció plenamente el desafío de la urbanización tuvo lugar en 1976 en Vancouver, Canadá. Esta conferencia, Hábitat I, resultó en la creación, el 19 de diciembre de 1977, de los precursores de ONU-Hábitat: la Comisión de las Naciones Unidas de Asentamientos Humanos (un órgano intergubernamental) y el Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (comúnmente llamado Hábitat), que funcionó como la secretaría ejecutiva de la Comisión.

[2] Se denomina mercantilismo a un conjunto de ideas políticas y económicas de gran pragmatismo que se desarrollaron durante los siglos XVI, XVII y la primera mitad del siglo XVIII en Europa. Se caracterizó por una fuerte intervención del Estado en la economía, coincidente con el desarrollo del absolutismo monárquico.

[3] El mercantilismo se desarrolló en una época en la que la economía europea estaba en transición del feudalismo al capitalismo. Las monarquías feudales medievales estaban siendo reemplazados por las nuevas naciones Estado centralizadas, en forma de monarquías absolutas (en Inglaterra y Holanda) o parlamentarias. Los cambios tecnológicos en la navegación y el crecimiento de los núcleos urbanos también contribuyeron decisivamente al rápido incremento del comercio internacional. El mercantilismo se enfocaba en cómo este comercio podía ayudar mejor a los Estados.

[4] El actual estado de la población europea es el resultado de un lento proceso de evolución en el que pueden distinguirse varias fases. Durante el período 1750-1950, el continente llegó a cuadruplicar su población inicial de 100 millones de habitantes.

26 agosto, 2019

Acerca del Autor

Jesús Tamayo Maestro en Desarrollo Urbano / jesustamayo@prodigy.net.mx


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