Tinta Nueva

En la hora del bufón

DECISIÓN DE GOBIERNO Y GENTE QUE ANDA POR LA CALLE

| Jonathan Molinet |

Lear, el soberano, tiene clara su principal e irrenunciable obligación.  Debe evitar la división del reino, prevenir la guerra civil. Sí, pero cómo.  Si el objetivo es prevenir la enfermedad mortal del cuerpo artificial, dadas las circunstancias presentes, ¿cuál es, si existe, la manera institucional de conseguir tal objetivo? En las circunstancias donde Lear tiene que preservar la paz y la seguridad es probable que sus tres hijas y sus maridos luchen entre sí para hacerse del reino entero. La preservación del reino en el tiempo requiere también evitar la invasión extranjera.  Conviene, entonces, juzga Lear, establecer una división apropiada del reino y ceder por entero el poder.

Quien concibe y pone en práctica esta distribución de dotes y esta cesión toma como base una presunción acerca de las intenciones de estos agentes.  Anticipa que las interacciones resultantes y sus efectos serán apropiadas si les permiten resolver sus conflictos sin poner en peligro la unidad del reino. Pero ¿cuál es la distribución apropiada? Por razones estratégicas o por otras, la división del total del reino es efectivamente ejecutada entre dos hermanas, no entre tres. ¿Puede haber cesión del poder sin garantías para que el cedente disponga de las condiciones de vida que reclama a cambio de la cesión total del reino? Si esas garantías estorban el ejercicio de la autoridad de ambas hermanas, es preciso eliminarlas junto con él.

Total, las interacciones de los interesados acaban con el enfrentamiento a muerte de las herederas; ocurre la invasión, el viejo Lear pierde la razón bajo la tormenta y muere tras el intento vano de impedir el asesinato de su tercera hija. La virtual reconstrucción del reino, finalmente, queda a cargo del joven hijo legítimo de un notorio y leal integrante de la corte del rey difunto. ¿Hemos asistido a la ejecución fallida de un objetivo de gobierno?  ¿Ha fallado la configuración institucional para obtener resultados consistentes con tal objetivo?

Las hermanas actúan conjuntamente para deshacerse del viejo. Éste, a la intemperie, continúa la conversación con el bufón.  Adelante, insiste en llamar filósofo a otro perseguido del nuevo régimen. Que para escapar ha adoptado el seguro disfraz de mendigo loco. Es la hora del bufón, del falso loco y del viejo que enloquece.

Entre otros asuntos, tocan el tema de la autoridad. La experiencia de los prófugos que tiemblan de frío rechaza el absoluto. El ejercicio de la autoridad bien puede conducir a la destrucción, al desorden. Podría hablarse de tontería al diseñar y operar el mecanismo para preservar la unidad del reino. No se trata sólo de la desventura del viejo. Hay que justificar las prácticas del poder para justificar que la autoridad tenga un papel.  La crítica del absoluto de la soberanía, a la entrada de la choza donde guarecerse, suprime cualquier consuelo. Las hermanas ni siquiera llegan a enfrentarse política y abiertamente porque hay más pasiones en liza.  Lear ha resuelto mal el problema por excelencia de la autoridad.

La Inglaterra de los siglos XVI-XVII queda lejos. Aunque no tanto, si consideramos que es anterior a la forma estado del gobierno, dado que un combate con resultados desiguales durante el último medio siglo ha sido precisamente desvanecer esa forma. Las configuraciones institucionales o mecanismos para conseguir objetivos gubernamentales han proliferado en busca de otro orden de los asuntos humanos. Si, para nosotros, la soberanía reside originalmente en el pueblo, ¿él es Lear? Otorgar representación sin preguntar si los representantes son dignos,  ¿es un mecanismo fallido?  ¿Hay manera de preservar las condiciones de vida, vía los votos, de quienes andamos por la calle?

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¿Quién dijo?
“Se necesitan dos imanes fuertes porque la enfermedad es fea, fíjese, virus y bacterias.”  La alta funcionaria del sector educativo explica así, convencida, un tratamiento medicinal resolutivo.

8 octubre, 2019

Acerca del Autor

Jonathan Molinet Fue profesor en la ENAH, la UAM, el ITAM y FLACSO. Estudió filosofía y políticas públicas.


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