Opinión

Confrontar o modo automático

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| Leticia Camacho Téllez |

¿Has escuchado la fábula de la rana? En caso de que no, aquí la reproduzco: “Si echamos una rana en una olla con agua muy caliente, saltará de forma inmediata hacia fuera y conseguirá escapar. En cambio, si ponemos una olla con agua a temperatura ambiente y echamos una rana, se queda tranquila, si a continuación empezamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reaccionará, se ha ido adaptando a la temperatura hasta que pierde el sentido y, finalmente, morir achicharrada. La fábula tiene varias enseñanzas, aquí solo me centraré en una, la que tiene que ver con la pérdida de la capacidad de percibir los procesos que amenazan la supervivencia, se llega a cierto momento en que ya no se distinguen los cambios.

En ocasiones se va perdiendo la capacidad de confrontar y de hacer frente a las situaciones, se deja de ser el piloto en la vida; se ha soltado el volante y es inminente el estrellarse tarde que temprano. No hay una clara percepción de la realidad, no se distingue entre una situación óptima y una dañina, y sucede lo inminente, estrellarse, se dejó la navegación en modo automático y no se verificó la ruta, tráfico y entorno, resultado: una catástrofe. Al soltar el volante el estrellarse era inminente, es la materialización de la ley de causa-efecto.

¿Por qué no hubo voluntad para tomar el control?

A veces los golpes resultantes de estrellarse son los que sacuden y logran sacarnos del letargo. Y pueden venir diferentes explicaciones al suceso: lo jodido que estoy, la mala estrella con que nací, la corrupción, el huachicol, el Popocatépetl, el clima, y por supuesto, la más usada, y de mis favoritas, las chingaderas de los otros. Con semejantes explicaciones, mí control lo he cedido, lo he entregado, lo he perdido, lo he entregado a todo lo que está fuera de mí.

¿Cómo se llegó a dejar de confrontar?

El no encarar una situación y cerrar los ojos es un mecanismo de supervivencia (hay básicamente tres mecanismos de respuesta automática ante lo que puede ser percibido como un ataque: inmovilizarse, atacar y huir). Son reacciones que son activadas por la parte más vieja del cerebro, la que se ha encargado de la sobrevivencia. Y sucede que ante situaciones que son percibidas como amenaza, el mecanismo se acciona, y se vuelven a cerrar los ojos, el circuito está nuevamente en marcha.

¿Qué se requiere para volver a confrontar?

De entrada, ubicar aquello a lo que se le rehúye, no la consecuencia, sino ir a la causa. Hay que identificar en dónde radica la incomprensión. Hay una falta de claridad que se ha erigido en un ser superior, cuando se empieza a comprender se va desvaneciendo, y ya no habrá necesidad de cerrar los ojos, se podrá ver lo que aterra de forma relajada y tranquila. Sí se tiene una mejor comprensión se puede hacer frente a la crisis para tomar el control, manejarla y evitar que se vuelva a repetir.

En coaching se trabaja básicamente con el presente y el futuro. En ocasiones se va al pasado solo para ir y traer al presente recursos que tiene el coachee, y que en ocasiones los tiene bien guardados.

Se puede ir al pasado por medio de preguntas en las que hubiera sido el piloto o dirigido alguna situación. En caso de que no encuentre ejemplos, se podría abordar por medio de preguntas que permitan hacer un reencuadre, es decir, cambiar el lugar desde donde se mira la situación. Los resultados llegan a ser sorprendentes.

Al restaurar la capacidad de confrontar se podrá observar en su emocionalidad, lenguaje y corporalidad.

A veces se puede restaurar la capacidad de confrontar en sesiones de coaching, en caso contrario hay diferentes opciones con las que se pueden tratar temas que tienen una fuerte carga emocional.

¿Seguirás en automático o tomaras el volante?

leticia.camacho @cleverspot.com

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Leticia Camacho Téllez
25 octubre, 2019

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