Opinión

Aparte de las elecciones, ¿manifestaciones? (II)

DECISIÓN DE GOBIERNO Y GENTE QUE ANDA POR LA CALLE

| Jonathan Molinet |

El reemplazo periódico de los más altos responsables políticos de tomar decisiones de gobierno pone en juego los efectos de bienestar que dependen de los recursos gubernamentales.  De aquí resulta parte del significado crítico de los procesos electorales.  En un lado están quienes combaten para preservar un estado de cosas.  En el otro, claro, quienes consideran urgente reemplazar la noción implícita del bien materializada en tal estado de cosas.  Un problema mayor ha surgido en los últimos años, ¿qué pasa si es preciso actuar por fuera del momento electoral?

Los casos más sobresalientes están últimamente en “primera”, Iran, Líbano, Chile, Ecuador, Haití, Bolivia, España (Catalunya), Hong Kong.  Hay importantes particularidades en cada uno, no están las cosas para generalizar.  Ha suscitado un gran interés la situación chilena.  La idea prevaleciente del bien ha sido expresada por el propio Presidente.  La libre competencia es el pilar moral y la condición de eficiencia propia de la economía social de mercado.  Bajan precios, mejora la calidad, en consecuencia, mejoran los consumidores.

Es una idea que se comenta a sí misma.  Pero si uno no escucha bien, el amplificador de la última encuesta es suficiente, 13% de aprobación.  El grado de tensión es expresado por el fundador del sistema privado de pensiones, hermano del Presidente.  “¡Aún hay patria ciudadanos!”  El modelo económico vigente ha traído prosperidad y la constitución ampliamente respaldada de 1989, paz.  Pero el 80% de la encuesta no espera que mejoren las cosas.  64% de los encuestados considera negativos los cambios en el gabinete

 El momento electoral es abandonado cuando alcanzas la convicción de “que tu cuna no determine tu destino” o cuando estás enojado porque tu madre murió de infarto tras diez horas sin recibir atención médica.  Aunque, “los políticos no saben qué hacer con nosotros”, observa otro manifestante.  A los alienígenas, el estado de emergencia.  En principio, la coalición de gobierno perfectamente qué hacer.  El problema resulta cuando no funciona.  Entonces, sí, en efecto no saben qué hacer.

De hecho, ninguna de las partes sabe.  Para responder, el gobierno formula una agenda de política social y cambia drásticamente el gabinete.  Además, el próximo once de noviembre, inicia “un gran diálogo ciudadano” a cargo del Ministerio de Desarrollo Social.  Todavía no está claro el procedimiento para agregar juicios y preferencias. Por su parte, las manifestaciones, ajenas a los partidos políticos, reclaman cambiar la Constitución.  Reclamo del 87% de la encuesta.  Parcialmente compartido por la coalición de gobierno.

El debate constitucional pone sobre la mesa un tema de fondo.  Una constitución especifica la distribución vigente del poder.  Su efectividad depende de un conjunto nuclear de creencias socialmente compartido.  Se trata de un conjunto de resultados esperados que permiten acuerdos efectivos.  Conjetura.  Está roto ese conjunto.  Choca con la experiencia de grandes partes de la sociedad desigual donde vive a diario gente de la calle cuando prevalece el derecho del gobierno.

 Unas palabras finales acerca de los últimos trece días en Bolivia; cuando las elecciones son sólo un punto de paso estratégico.  Ni es posible saltarlas ni ganarlas, conviene participar.  Ahora, por el lado opositor, rechazo en bloque del resultado electoral y, en una de sus alas, exige la renuncia de los responsables del poder ejecutivo y legislativo más la declinación de todos los integrantes de la cúpula judicial menos una decana.  Plazo, la noche del lunes.  El gobierno, por su lado, pide esperar a la auditoría de los votos que efectúa la OEA.   ¿Basta con repetir el momento electoral?

Con pleno respeto a las particularidades de un proceso todavía abierto en países tan distintos, como se trata de instituciones, ¿qué garantiza que las partes aceptarán los resultados de los dialogos en marcha?  ¿Hay manera de conseguir que las instituciones de la sociedad sean tales que se obtenga un máximo de la utilidad total bajo la condición de que todo individuo persiga fundamentalmente su propio interés?

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¿Quién dijo?

“Uno se acostumbra al sueldo de subsecretario.”  Eso dice —¿entre bromas y veras?—un caballero en la mesa de junto.  Es hora del desayuno en un restaurant al sur de la Ciudad de México.

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4 noviembre, 2019

Acerca del Autor

Jonathan Molinet Fue profesor en la ENAH, la UAM, el ITAM y FLACSO. Estudió filosofía y políticas públicas.


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