Opinión

Servidumbre vía libertad, ¿tapadera o trampa? (1/2)

DECISIÓN DE GOBIERNO Y GENTE QUE ANDA POR LA CALLE

| Jonathan Molinet |

Legislar para que la ejecución y las sentencias permitan definir y suprimir derechos, reasignar recursos y restringir la apropiación de ganancias, todo, pues, como cumplimiento de la ley y respeto a la constitución.  Más todavía, todo, a nombre de la urgencia y de la libertad. Pero, si de hecho crea y recrea servidumbres para quienes andan por la calle, no es libertad. Es la tapadera del juego donde unos ganan exactamente cuanto pierden los demás.  Las transferencias ulteriores apenas alcanzan para volver a empezar el próximo año fiscal. La desigualdad permanece junto a la virtual liquidación del futuro para los más jóvenes. Periódicamente, por demás, votas y te vas.

La tapadera de una forma de disponer de los recursos gubernamentales –y sus consecuencias– que ahora ya no estamos seguros de que sea infalible ni perpetua.  Pero ha estado vigente por un medio siglo y es probable que sus principios fundamentales continúen como criterios de decisión por un tiempo más bien largo.

Pongamos, momentáneamente, aparte las imprescindibles negociaciones y las mayorías resultantes, así legislativas como judiciales.  Sabemos bien que son imperativas para alcanzar la validación política de las ejecuciones gubernamentales. ¿Qué hace funcionar el juego?  ¿Basta poner la tapadera de la libertad? ¿Hace falta una ley, una trampa?

¿Y si empezamos con una canción?  Sea, Heureux qui comme Ulysse (H. Colpi, G. Brassens).  Cabe la felicidad para quien, tras “muchas travesías”, vuelve a la “tierra de los verdes senderos”.  Es la felicidad para Ulises. Pero, ¿cuándo exclamar “Qué bella es la libertad, / la libertad.”? Por ejemplo, “En la mañana temprano / Cuando el sol le canta al corazón.”  O bien “Cuando se acaba la de malas / Cuando un amigo seca tus lágrimas.” Asimismo, “Cuando se está mejor aquí que allá / Cuando un amigo te hace feliz”.

La canción es sencilla, por así decir, pero en estos días está a punto de ser ininteligi-ble.  Oh, it’s not a jingle.  No hay novedad, ni moda; ningún gadget que requiera tarjeta de crédito y cola madrugadora a la puerta de la tienda.  Ahí no hay nada que haga feliz; ninguna libertad que ejercer, tampoco para quienes no son demanda efectiva.  Todos valoran subjetivamente y ven el precio, son libres, los primeros compran o no compran. Ejercen su libertad, los demás se quedan con las ganas.  La libertad en vez de la razón, el impulso o la preferencia en vez de la libertad.

Así por la negativa.  ¿Y si uno escucha de otro modo?  La libertad es invocada por quien materializa el esfuerzo de perseverar en su ser.  Es necesario estar en el lugar apropiado y en las condiciones apropiadas. La amistad, el otro, forma parte del proceso de vivir felizmente.  Como somos imaginación y razón, un cuerpo, precisa alcanzar la conciencia de la necesidad real. La trampa funciona porque hace un lado la razón, refuerza la imaginación.  La canción de hoy revela. Quienes tapan, ocultan; quienes ocultan, hacen trampa. Cuando el hombre se enfrenta al hombre, la ilusión es baza ganadora.

Esta secuencia y sus repeticiones tienen sustento.  Pongamoss una conjetura sobre la mesa de conversación.  Primero, el hecho más llamativo. El agotamiento de una figura del estado de bienestar y la disnea de la representación.  Al responder, las coaliciones reformistas recurren a la secuencia y sus combinaciones. Resultan de emplear una variedad de teología política inconsistente con la libertad.  Hace sinónimos “libertad”, “preferencia” y “capricho”. Puede, entonces, intercambiar significados a conveniencia. Dispone, en consecuencia, de una tapadera bastante efectiva.  Por debajo y efectiva, una teología vergonzante. Encima una suerte de liberalismo desbravado como libertad económica.

Simultáneamente, a nombre de la libertad, sujeta a la excepción cuanto se opone, ejerce la soberanía de la representación para excluir –electoral, judicial o legislativamente–toda disidencia.  La trampa se cierra. La libertad de un valor, se autoposiciona y se lanza al combate. No hay oposición a las servidumbres creadas, hay enemigos de la libertad que es preciso combatir y exterminar.

Toda lucha por ejercer autoridad política, ¿está condenada a emplear esta tapadera, a instalar esta trampa?  ¿La libertad tiene todavía un futuro factible? ¿Al actuar hay que tomar en cuenta que bien puede ser que retrocedemos mientras creemos que progresamos?

*

¿Quién dijo?

“Paga todo con la tarjeta.  Traes los recibos; aquí luego luego  te liquido el total en efectivo. Más fácil.”  El solicitante de viáticos, a punto de salir a trabajar: “no uso tarjeta de crédito.”  El contador: “Entonces, ¿qué haces aquí?” Diálogo cuando el sistema de partido hegemónico pragmático se veía eterno, invencible.

Author Profile

Jonathan Molinet
Fue profesor en la ENAH, la UAM, el ITAM y FLACSO. Estudió filosofía y políticas públicas.
23 diciembre, 2019

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