Opinión

Poder ejecutivo por derecho divino, una alternativa actual. (1/2)

Decisión de Gobierno y Gente que Anda por la Calle

| Jonathan MOLINET |

El príncipe antiguo o moderno enfrenta o cree enfrentar amenazas en cada acontecimiento que reclama su atención y le exige decidir.  En la continua y casi insomne lucha por conservar su titularidad, actualmente bajo regla de mayoría, tiene una dura exigencia que hacer a sus súbditos, en particular si son ciudadanos.  Les pide, a propósito de los asuntos que él considera relevantes, que decidan adhesión o rechazo sobre la base de criterios, creencias u opiniones diferentes del interés propio directo o personal que puedan tener en tal asunto.  

Aunque el titular del ejecutivo siempre puede recurrir a ciertos principios morales asociados a los correspondientes procedimientos judiciales, es mejor si se pueden mezclar con llamamientos patrióticos o nacionalistas.  Por sí mismos, sin embargo, no necesariamente garantizan comunicación entre gobernantes y gobernados y entre gobierno y oposición. En general, porque, como tal, la legalidad sólo cubre sustantivamente el modus operandi de la burocracia gubernamental haciéndola predecible y calculable.  Apenas una condición necesaria para príncipes en apuros. Necesitan más.

Hay casos, por ejemplo en Polonia, Brasil, USA, Bolivia, donde estos recursos parecen insuficientes por sí solos.  La tendencia había despuntado desde el comienzo del actual gobierno norteamericano y la reaparición declarada de la Iglesia Ortodoxa al hacerse irreversible el desfondamiento del imperio soviético.  Desde luego, no son todos los casos, también están la India y los países musulmanes.

La titularidad, en efecto, depende de las condiciones institucionales donde ocurren los acontecimientos que exigen decisión soberana.  Por un lado, el tamaño y composición de las coaliciones ganadoras fijadas en cada caso por las correspondientes reglas aplicables, cualquiera que sea su grado de formalización.  Los criterios, creencias u opiniones que el mantenimiento o el logro de la titularidad exigen han de ser efectivos. Entre otras decisiones, han de permitir participar o no en tales coaliciones, buscar romperlas o formar otras, escoger el sentido del voto, juntar dinero, mandar mensajes en las redes sociales, ir o no a las manifestaciones, etc.

Por otro lado, está la cantidad y posición de quienes están facultados formal o informalmente para condicionar la decisión soberana y su ejecución.  Al respecto, también son necesarios los criterios, creencias u opiniones citados. Se trata, del mismo modo, de decisiones de actuar o no actuar similares.  En configuraciones políticas como las que se encuentran en los ejemplos propuestos, los aspirantes y los titulares del Poder Ejecutivo, en busca de la comunicación necesaria para satisfacer ambas clases de restricciones institucionales, han escogido alguna confesión religiosa, a manera de condición suficiente para alcanzar o conservar la titularidad.

Han reeditado el derecho divino a ejercer el poder.  En nuestro mundo sublunar, una modalidad del conocido “ordeno y mando”, “comando y control”.  En otros casos, es una aspiración o un proyecto en tal dirección. Por ejemplo en Italia, la oposición estadísticamente más ilusionada reivindica el mismo derecho.  Mientras los golpistas bolivianos tratan de acomodar la restricción electoral e inventan enemigos externos a precio de ganga, los dos connotados líderes cívicos de Santa Cruz y de Potosí, buscan construir su candidatura en nombre de dios y de la patria.  Eco preciso de quienes llegaron al palacio de gobierno con la biblia en la mano. Hay, en fin, gobiernos en funcionamiento con voluntad de adoptar algún curso de acción similar sobre la sólida base de decisiones gubernamentales precedentes. Algunas de éstas provenienen de respuestas bastante anteriores al mismo problema cuando dejaron de ser efectivas las que rechazaban precisamente las actuales invocaciones al más allá. 

El ejercicio de la autoridad política retoma unas palabras menos viejas de cuánto creíamos, en el polícromo mundo de los gobiernos representativos por regla de mayoría, “Poder ejecutivo por la gracia de dios”.  Signo de los tiempos. “Rey” sonaría raro –y es parte de la novedad– porque las ejecuciones de estos presidentes están acompañadas por una invocación al “pueblo” o a la “mayoría”, a la “democracia”, si se tercia.  Así, el ejercicio de la autoridad se da la palabra que manda en nombre de la trascendencia que, afirma el Ejecutivo, es propia de la mayoría del electorado. Así en público mientras –en corto al negociar–, evade o trata de evadir el derecho y los compromisos de gobierno.

¿Qué problemas plantean y resuelven quienes así reeditan el derecho divino a gobernar?  ¿Qué conjeturas o hipótesis necesitamos para orientarnos una vez que la mercadolatría y el conservadurismo anuncian una nueva tiranía o una coloración casi nueva para una tiranía en marcha?

*

¿Quién dijo?

“El Director necesita alguien con dos neuronas pero que funcionen en banda.”  La tarea era revisar a primera hora del día la cobertura periodística de la dependencia.  Los informes permitirían fijar el tratamiento oficial al medio y al periodista.

14 enero, 2020

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anúnciate
Anúnciate
Anúnciate
Anúnciate
Anúnciate
Anúnciate
CONTACTO

Director editorial: Israel Velázquez G.
Privada 21 A Sur 2316-7 Rivera de Santiago, CP 72410. Puebla, Pue., México
Teléfono: (222) 5827090
Correo electrónico: redaccion@datamos.com